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Introducción: las primeras ediciones hispanas La primera edición en lengua castellana de las obras de Platón apareció publicada entre los años 1871 y 1878 en 11 volúmenes, que junto con los 10 de las obras aristotélicas y los 5 de Leibniz formaban los 26 volúmenes el proyecto Biblioteca Filosófica de Patricio de Azcárate. Azcárate fue el responsable de poner en lengua castellana 每"puestas en lengua castellana por primera vez..." (Introducción al Vol. I de Obras completas de Platón), nótese la sutileza de semejante eufemismo每 las obras de estos autores, junto a Bacon y Descartes, cuyas traducciones quedaron en manuscrito tras la muerte de su autor. A menudo se ha intentado excusar, no sin cierto aire de disculpa consentida, que Azcárate, como es bien sabido, no tradujese directamente del griego clásico sino de otras lenguas modernas. La excusa no sirve, en este caso, por ser Azcárate ignorante de la lengua helena, sino por carecer de la suficiente honestidad necesaria para reconocer que sus ediciones, sus prólogos y notas no sólo no son propios, traducidos vilmente de los realizados por otros autores 每franceses每, sino que en ocasiones se encuentran cortados, no sabemos si por holgazanería o por despiste del traductor leonés. Tampoco cabe excusarle su desconocimiento del mundo heleno que traducía, con gazapos tan colosales como históricamente relevantes y que a continuación, de la mano de Yebra, veremos detalladamente. En tercer lugar, disculpando su francés como fuente de las traducciones de, al menos, Platón y Aristóteles, podríamos pedirle al menos un conocimiento más preciso de la lengua de la que en realidad vierte sus obras al castellano. Sobra pedantería para resaltar que las ediciones al uso, simples traducciones, no se encuentran orientadas a un público universitario que requiere de aparatos críticos y amplias introducciones o extensa bibliografía. Pero, ¿es pedantería, a caso, pedir honestidad al traductor a la hora de aceptar el origen de su obra? ¿pedirle unos datos correctos, especialmente siendo él el primero en acercarlos al público hispano? Y sobre todo, ¿es acaso pedantería acusarle de plagio y mentira? Seamos, pues, un poco pedantes. La traducción de las Obras Completas de Platón no parte de la lengua griega, pero tampoco se dice en momento alguno que lo hiciera. Cuando Azcárate cursó sus estudios en las Universidades de Oviedo y Santiago, no existía en el plan de estudios de éstas nada semejante a Filosofía, y Derecho 每que, tras una larga interrupción de diez años, fue en lo que Azcárate se licenció每 era tal vez lo más cercano a esta disciplina. La lengua griega había desaparecido casi completamente de las Universidades españolas en el s.XVII, especialmente tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Sin embargo, existían abundantes manuales de lengua griega, muchos de ellos para autodidáctas, por lo que de nada sirve culpar al retraso cultural español de la carencia de Azcárate. Fue probablemente en Gijón, al entrar en contacto con la Biblioteca de Jovellanos, que Azcárate se enfrentó a las ediciones de los clásicos franceses, como él mismo dice, "tuve ocasión de entregarme a una variada y vasta lectura en la biblioteca del Sr. Jovellanos, en la villa de Gijón, vecindad de mis padres, venciendo antes el obstáculo de las lenguas vivas de naciones que van delante de nosotros" (Prólogo a Veladas sobre la filosofía moderna, 1853). Adoctrinado en las lenguas modernas, Azcárate inicia un proyecto semejante a una revolución educativa en una España que desdeña la Filosofía en el ámbito estudiantil: su Biblioteca Filosófica está dirigida a los jóvenes desde un punto de vista amateur. Que Azcárate se considerase a sí mismo un simple aficionado no excusa el viejo dicho: las cosas, o se hacen bien, o no se hacen. Azcárate sin embargo lo hizo, y se valió para ello de la edición francesa de los textos platónicos, la edición publicada por Émile Saisset entre 1824 y 1840. Esta edición francesa se apoyaba en las investigaciones no publicadas de M. Victor Cousin, y acompañaba el texto francés de una pequeña introducción a cada diálogo y varias notas. El Timeo de esta Opera omnia será reeditado en 1869 con nuevas adiciones a los prólogos y notas, además de colaciones con la obra de Th. Martin, Etudes sur le Timée de Platon (1841). Lo interesante es que una comparación entre la edición de Azcárate y la de Saisset no sólo arroja un texto literalmente traducido del primero sobre el segundo, sino que las notas son idénticas y, lo más sorprendente, las introducciones a cada diálogo reproducidas por Azcárate tienen la misma forma que la francesa. El lector apreciará en las fotografías adjuntas la semejanza en estructura, saltos de línea y, especialmente, el divertido entrecomillado, totalmente atípico, que Azcárate copia de Saisset. Como dato curioso, fallecido Azcárate, aparece una nueva edición (1946) que, en este caso, hace uso de la segunda edición de Saisset de 1869. No sabemos a quién culpar de semejante plagio póstumo, pero sin duda resulta graciosamente divertido que el editor de estas obras haya copiado, de nuevo, al mismo autor francés. Las primeras ediciones críticas: il Fedone La primera edición crítica que aparece en nuestro país de un texto platónico corresponde, casi con total seguridad, al Fedón, publicado en Madrid en 1948 con texto griego y abundantes notas en forma de comentario y edición crítica. Según el propio libro, nos encontramos ante una ※Introducción, texto y notas de Ángel Álvarez de Miranda§, quien habría seguido a Burnet, haciendo uso adicional de las ediciones de Bekker, Stallbaum, Hirschis, Wohlrab, Louvreur, Ferrai y Robin (p. LIII). Sin embargo, el texto de Álvarez de Miranda no hace sino condensar la edición de Ferrai (Platone. Il Fedone, dichiarato da Eugenio Ferrai, Torino 1888, 19232) en su Introducción, pp. XXVI-L, y reproducir verbatim a éste en su texto griego y notas, con ligeras adiciones menores. Tal acto de sublime honestidad y sana filología no está exento de errores: en 57a8 Álvarez lee E)KEI^)THEN donde debería ser E)KEI^THEN; en varias ocasiones confunde phi con psi o falla la acentuación, por ejemplo en 63a4 (E)/PSH por E)\FH), a5 (A(\... SOPSOI\; por A)\... SOFOI\;); en 63b6 escribe E)/FE por E)/FH; c1 lee THATATWi por THANA/TWi; 62a3 THAUMASTO/S por THAUMASTO/N; etc. Esta edición crítica, que por lo demás carece de traducción, es en sí misma una réplica exacta de la edición italiana, y no sólo no aporta nada nuevo, sino que además de innecesaria, lo hace y lo hace mal. El retorno a Francia Avanzamos nuestros pasos hasta el año 1963, momento en el que Francisco de P. Samaranch publica en ed. Aguilar, junto a un distinguido grupo de estudiosos españoles totalmente desconocidos, su traducción de las obras completas de Platón. A pesar de su afirmación de que la ※traducción del griego, preámbulos y notas§ son obra del mismo Samaranch, reconocemos en ellos los rasgos de la edición francesa Budé, tanto en sus preámbulos como en sus notas. Naturalmente, no dispone de un texto griego con el que comparar. Faltaría más.
[...] En 1964 vieron la luz dos nuevas traducciones de la Metafísica; una en Barcelona, publicada en volumen suelto por la editorial Iberia, colección "Obras Maestras". "Versión establecida y anotada por Rosario Blánquez Augier y Juan F. Torres Samsó. Notas prologales de Emiliano M. Aguilera". La otra en Madrid, incluida en el volumen de Obras de Aristóteles publicado por Aguilar. "Traducción del griego, estudio preliminar, preámbulos y notas por Francisco de P. Samaranch". La versión establecida por R. Blázquez Augier y J.F. Torres Samsó no parece pretender la procedencia directa del griego. Es, en bastantes pasajes, copia literal de la traducción de Azcárate, y, en otros, traducción de la traducción francesa de J. Tricot. He aquí una muestra de ambas cosas. El texto de Aristóteles es el de 984a11 y ss.: Por lo que precede se ve que todos estos filósofos han tomado por punto de partida la materia, considerándola como causa única. (Azc. pág. 19 de la 5a ed. de la Colec. Austral; Bl.-T., pág. 11). |
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